
Blasco ha sido soldado toda su vida, campeón en mil batallas. Acostumbrado a vivir sin pensar en el mañana, ahora que la guerra ha terminado de manera inesperada se lamenta de no haber rentabilizado su heroismo. Ni dinero, ni patrimonio, ni posición... una mujer y cuatro hijos que alimentar. Sin duda la paz no es para él.
Dolores

Dolores pertenece a las Hermanas Visionarias, una misteriosa orden a cuyas miembros se atribuyen extraños poderes. La ciudad de Melgar nació alrededor de la Torre Alba, casa madre de las Hermanas, y creció bajo su auspicio. En una etapa de crisis debieron de ceder el gobierno para sobrevivir, pero ahora aspiran a recuperarlo. Dolores aparece en el primer capítulo como una temerosa novicia, pero está llamada a tener un papel protagonista en el futuro de su congregación y la ciudad de Melgar.
Felipe Guzmán el Pacificador

Maestre de las Humildes Espadas, orden de monjes guerreros. Las Hermanas, protectoras de Melgar, tuvieron que recurrir a él para que la ciudad no cayera en manos de los Monos. Guzmán, hombre prodigioso en el arte militar, consiguió plantar cara y obtener finalmente un tratado de paz con el enemigo, poniendo fin a una disputa que se prolongaba más de un siglo. A cambio se estableció en Melgar como señor del castillo.
Álvaro (Verdugo)

Durante las Guerras contra "los Simios" la Congregación de los Hermanos Tomasinos (por el primer maestre Tomás Berard) demuestran un valor sin igual y fidelidad inquebrantable al Papa. Éste les concede la bula Milita Dei por la que quedan exentos de rendir ninguna cuenta en su tarea evangelizadora ("Dios guía su brazo"). Esta "licencia para matar" hace que la orden derive con el tiempo en una secta fanática de asesinos a sueldo, ganándose el sobrenombre de "verdugos".